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6 de mayo, Fiesta de Santo Domingo Savio

El 6 de mayo celebramos a Santo Domingo Savio, alumno del Oratorio de Don Bosco, y quien nos trae la expresión “Aquí hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres”.

La santidad de Domingo es la santidad de un adolescente con una vida normal. Nos dice que los adolescentes y jóvenes pueden ser discípulos de Jesús en profundidad. Que la adolescencia y la juventud son en sí mismas espacios de santidad. A los 15 años… es posible ser santo.

Es un adolescente fuerte, decidido en lo que quiere lograr con su vida, dispuesto a no desperdiciar los dones que Dios le ha regalado. Reconocerlos, cultivarlos, ponerlos a jugar, con una voluntad tenaz. Un muchacho fuerte, que no tiene temor en actuar cuando hay que hacerlo para frenar el mal.

Vemos en él las mismas preocupaciones y las mismas alegrías que cualquier adolescente. Tiene el gusto de la totalidad, como cuando quiere ayudar a que todos sus compañeros se acerquen a Jesús Sacramentado, a la vez que se mueve también por impulsos interiores y deseos de heroísmo, como cuando guía a Don Bosco a atender espiritualmente a una persona en riesgo de muerte por la enfermedad del cólera, y valora con fuerza las amistades que lo ayudan a crecer y ser mejor, como su amigo Massaglia, como también el sobreponerse y rechazar a aquellos que lo tientan a evadirse de su deber.

Es un joven sonriente. A pesar de las dificultades familiares, de la pobreza de sus inicios, de su débil salud, Domingo sonríe. Porque la sonrisa, en él, es la expresión de tener a Dios en su corazón, y de dejarse guiar por él.

Y todo esto lo vive con simplicidad, en lo de todos los días. Nada de cosas extrañas o buscando momentos de espiritualidad extraordinarios o especiales.

En 1933 se lo declara Venerable. En 1950 será declarado beato, y en 1954, santo. Son expresiones que nos indican que el camino recorrido por Domingo es un camino seguro para quien quiere vivir el Evangelio, y que es posible hacerlo.

Si queremos imitar la santidad de Domingo, que fue la santidad de Don Bosco, imitemos aquello que lo guió y sostuvo en su camino: su decisión profunda de ser, todos los días y en todo momento, amigo de Jesús y de María, y no traicionar esa amistad.

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